Treinta años de Madonna

Texto publicado originalmente en Revista Esnob.

Madonna - Madonna

Así como lo lee: Madonna cumple treinta años. Difícil de creer si se la ve actualmente y si se toma en cuenta que la artista tiene, en realidad, 54 años. Pero al menos Madonna, el fenómeno, el monstruo pop, cumple oficialmente la treintena. Tampoco es metáfora, Madonna, el álbum debut de Madonna Louise Ciccone se publicó un 27 de julio de 1983.

No es el mejor álbum de Madonna y tampoco es un gran disco, pero sí uno muy importante, pues a ratos, más que un álbum, pareciera el documento de un punto fundamental para uno de los nombres más importantes en la historia de la música: el inicio.

La historia, de tantas veces contada, ya es una leyenda: Madonna, de veinticuatro años, tenía un rato probando la escena artística de Nueva York; había pasado de aprender a tocar la batería en el sótano de una sinagoga a ser guitarrista y vocalista de dos bandas de rock alternativo, a pasearse con Jean Michel Basquiat, ser bailarina de Patrick Hernández en el video de “Born to be alive”, a intentar conquistar las pistas de baile. Tras un par de intentos en la industria y con un poderoso sencillo bajo el brazo, Madonna prácticamente obligó al DJ Mark Kamins a poner “Everybody” en Danceteria, uno de los clubes del momento. El tema fue tan efectivo que acabaría por conseguirle a la Ciccone un contrato con una disquera.

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Tras demostrar que era capaz de crear temas efectivos y haber publicado dos sencillos (el genial “Everybody” y “Burning Up”) con Sire, dicha disquera decidió concederle a la entonces novata grabar su álbum debut con un bajísimo presupuesto. Madonna elegiría a Reggie Lucas, reconocido productor de Warner, para hacerse cargo del disco.

Madonna es un álbum importante en muchos sentidos: un álbum fundamental en la transición del moribundo movimiento disco al dance pop, cimentaría las bases de las popstars actuales y, sobre todo, lanzaría la carrera de Madonna; sin embargo, posiblemente la razón más importante de la importancia de este disco es que sacaría a la luz las tres principales características que harían de Madonna el ícono cultural que es: el amor por el baile, la sexualidad libre y desenfadada y, sobre todo, la obsesión de la Ciccone por el poder y el control.

Esto último quedaría claro mucho antes de que terminara el disco: Lucas y Madonna simplemente no se entendieron, él tenía en mente un proyecto de disco, ella otro. El productor acabó por dejar el proyecto y, entonces, Madonna llamaría al DJ y posteriormente su novio John “Jellybean” Benítez para que el disco se acercase más a lo que la originaria de Michigan quería. “Me impresionó su capacidad para cruzar fronteras: podías escucharla en club de rock, de negros, gays, heterosexuales. Pocos discos tienen ese atractivo, pero ella no estaba contenta con el resultado, así que entré a endulzar un poco la música para ella (…), sólo quería hacer el mejor trabajo que pudiera (…) y ayudarla (…). Por muy perra que fuera, cuando entrabas en sintonía con ella era algo increíble, muy creativo”, declararía posteriormente Benítez en torno al disco.

El papel de Benítez fue fundamental en la placa y, posiblemente, en el cambio que esta representó en la música pop. Madonna no quería un álbum disco, quería un álbum dance, y qué mejor que un DJ para hacer eso. Benítez remezclaría buena parte de las canciones y metería arreglos importantes: guitarras, coros, sintetizadores y cajas de ritmos, algunos demasiado nuevos (y por ende, no usados en su forma más óptima) para la época. Y lo más importante: Benítez traería una de las piezas esenciales de este disco y de la carrera de Madonna: “Holiday”, el dúo se encargaría de convertir una canción olvidada por las Supremes en uno de los primeros himnos de la cantante. Llenándolo con guitarras funk, cajas de ritmos y un break de piano que representa mejor que nada la esencia del pop mismo. “Holiday” es también una de las primeras canciones con las que Madonna cruzaría fronteras, convirtiéndose en el primer tema de la cantante en entrar en el Billboard Hot 100 y en entrar en los primeros lugares de las radios canadiense y británica. Ésta fue también la canción que presentaría en el programa de Dick Clark donde daría aquella famosa declaración de que “dominaría al mundo”. Y así fue.

Pero tampoco hay que menospreciar el trabajo de Lucas: además de sentar la base para el disco, él introduciría otro de los temas más importantes, tanto en el álbum como en la carrera de Madonna: “Borderline”. Si Benítez se había encargado de darle un toque distintivo al disco, Lucas haría la parte académica. “Borderline” es pop clásico, perfecto, hecho a la medida y de la vieja escuela. Posiblemente de todos los temas este sea el de instrumentación más compleja y donde Madonna intenta ser perfilada como una auténtica popstar de la industria, dándole voz a una mujer que se está volviendo loca ante un amor no correspondido. Mención aparte al video, en el que Madonna comenzará a jugar un poco con los estereotipos y planteará la que es, posiblemente, una de las primeras relaciones interraciales en la historia de los videoclips (y básicamente, su eterno gusto por los latinos).

Y por supuesto, en el fondo de todo está un elemento que muchas veces se pasa por alto: Madonna, el músico. De los ocho temas que componen al álbum (prácticamente un EP), cinco son composiciones originales de la Ciccone, quien en un principio había sido contratada para escribir para otros músicos. “Lucky Star”, el tema que abre el álbum, es posiblemente el más complaciente de todos, hecho directamente para gustar a los ejecutivos de la disquera. Resultó accidentalmente una gran canción pop, mientras que “Burning Up” demuestra que Madonna no pasó en vano por dos bandas de rock alternativo en un tema que bien podría haber pertenecido a Pat Benatar, Joan Jett, e incluso, Deborah Harry, quien en su momento acusó a Madonna de robar su estilo. Están también “I Know It” y “Think of Me”, que pese a que probablemente ya han sido olvidadas hasta por su autora tienen, en el fondo, la marca de la casa que seguiría vigente por treinta años.

Sin embargo, es posiblemente “Everybody” el tema al que más le debemos: no sólo fue el primer sencillo, sino que es lo más “Madonna” de todo el álbum: la canción comienza con uno de los sintetizadores más icónicos de los ochenta, un murmullo y posteriormente una explosión en la que LA Señora no nos invita, sino que nos ordena bailar, cantar y hacer lo nuestro, lo que lleva treinta años haciendo.

Madonna misma ha declarado que lamenta haber tenido tan poco tiempo y recursos con este disco, así como no haber metido mayor variedad de géneros. Pero justo ese es el encanto de este álbum: aquí Madonna no era aún el resultado de estos treinta años, ni siquiera era como una virgen, sino que era auténticamente una.

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